Doña Casilda de Iturrizar.

18 febrero 2019 | Isabel Guezuraga Fuldain | Sin comentarios

En enero del 2019 el Ayuntamiento de Bilbao ha publicado la biografía de Doña Casilda de Iturrizar, dentro de la colección “Bilbogileak-Memoria de Bilbao” de la Fundación Bilbao 700, en la que Eduardo J. Alonso Olea desmenuza la fascinante vida de esta mujer.

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Esta mujer sobresaliente saltó de la pobreza a la riqueza y, a pesar de haber fallecido en 1900, a día de hoy mantiene en la capital vizcaína su rastro: la calle Viuda de Epalza, el parque de Doña Casilda (también llamado “parque de los patos”), escuelas de Tívoli, las becas Viuda de Epalza y un pabellón en el Hospital de Basurto.

¿Cuál fue el origen de su fortuna? Casilda nació en 1818 en el Casco Viejo bilbaíno y fue la mayor de ocho hermanos; su padre era tendero y, al fallecer, dejó a su familia en una precaria situación, pobres y sin recursos. Debido a esto, se puso a servir en casa del rico comerciante y banquero Tomás de Epalza. Se casaron el 1 de mayo de 1859. Que uno de los fundadores del Banco de Bilbao y hombre prominente en la Villa contrajera matrimonio con una de sus criadas fue, evidentemente, algo insólito para la época. Él murió en 1873 y así,  Casilda se hizo cargo de una fortuna cuantiosa, ahorros, propiedades inmobiliarias…

Sin hijos ni sobrinos, y seguramente con el recuerdo de los apuros económicos que pasó en su juventud, dedicó en vida ingentes cantidades de dinero a mejorar la vida de los bilbaínos más desfavorecidos. Su pensamiento no fue hacer obras de caridad, sino invertir en instituciones que sacaran de la miseria a la gente y no tuvieran que mendigar. Y en su testamento también dejó escrito que se dedicara dinero para el Ayuntamiento, para la Santa Casa de Misericordia, para el Santo Hospital Civil, para el Patronato de Obreros, en dotes para huérfanas, para familias “vergonzantes” (que es como denominaban a las familias sin recursos), para la Casa de Expósitos, para la Sociedad Coral de Bilbao…

La fotografía que acompaña a este artículo es un monumento que la recuerda; se trata de un precioso busto sobre pedestal realizado por el escultor Agustín Querol en el 1906, que estuvo situado en la plaza Moyúa hasta 1941, año en que se trasladó a su actual emplazamiento en el parque que lleva su nombre.

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